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Consumo irónico. Lo dejo cuando quiera

Juntarse con amigos y ver videos de Chayanne, pasarse pequeños fragmentos de un talk show por Whatsapp, hacer tus propios memes o elegir los más afines a lo que te genera gracia, todo es CONSUMO IRÓNICO, un concepto que con las redes sociales toma más y más fuerza.


Concretamente, se trata del uso de un producto (marca, estilo, comportamiento, etc.) con la intención de señalar un significado (identidad, mensaje, creencia, etc.) que revierte el significado convencional del producto. Así lo plantean los expertos Caleb Warren, Gina Mohr en su informe Ironic Consumption.



La Ricky-Mania se manifiesta hoy en muchas prendas y formas artisticas, hasta interviene billetes.

Este tipo de consumo se caracteriza también porque necesitamos de otros, una suerte de comunidad con quienes compartir lo que estamos viendo y/o escuchando y hacer comentarios al respecto, sin esta parte es como que falta algo y nos convertimos en espectadores simples. En este sentido, la ironía se convierte en una señal de pertenencia a partir de lo que no nos gusta y a la vez nos fascina, se convierte en un lenguaje en si mismo.


Muchos especialistas en comunicación coinciden en que ver material que no es comedia para reírnos, es decir resignificarlo, es una manera de tomar lo que rechazamos de la sociedad y adaptarnos a través del humor, sería algo así como tolerarlo de la mejor manera posible. Puede que se trate de una herramienta, pero en muchos casos este contenido termina convirtiéndose en material de culto, y el propio protagonista lo entiende perfectamente y se suma al juego.


Esto último se pudo ver cuando la reconocida modelo Karina Jelinek lanzó una colección de ropa con frases que dijo en serio, como “lo dejo a tu criterio”, pero que luego se convirtieron en objeto de burla para, finalmente, ser frases célebres y por supuesto un beneficio para su creadora.




Justamente este beneficio puede ser el lado B del consumo irónico, que nosotros los consumidores desde nuestro trono cool, quizá no estamos teniendo en cuenta: los números no entienden la ironía, las views suben igual, los seguidores también, el rating y los likes, todo suma sin importar para que sea. Por eso muchas veces no entendemos que un programa sea el más visto, es muy probable que haya un consumo sincero de esto, pero gran parte es irónico y no hace más que avivar el éxito del producto objeto de burla.


De todos modos no podemos negar que este tipo de consumo es divertido, genera esa mezcla de vergüenza ajena y fascinación que nos atrapa y queremos más, no nos importan las views, los likes, solo queremos otro capítulo de ese reality de mujeres de millonarios, otra canción de la madre de Ricardo Fort, otra foto de Lindsay Lohan saliendo de fiesta, un poco más de lo que es tan chocante que nos gusta.


Cada persona tiene su concepto de lo que es bizarro, por eso las redes juegan un papel fundamental en la creación de comunidades que comparten el mismo gusto irónico, de hecho dentro de estas comunidades hay quienes son más fundamentalistas y quienes son más flexibles, pero todos sabemos a qué perfiles ir si nos queremos reír un rato, y a veces simplemente no podemos parar de ir, es entonces cuando nos tenemos que preguntar: Consumo irónico ¿lo dejo cuando quiera?



Por Gianella Di Benedetto.


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